Cuando Donald Trump y Delcy Rodríguez se encentraron en Nueva York, la imagen le ganó a la nota de prensa. Fue una imagen muy difícil de imaginar hace apenas unos meses: el presidente de los Estados Unidos con la mujer que terminó de administrar a Venezuela luego de que extrajeran a Nicolás Maduro. No estuvieron allí sólo dos mandatarios. Estuvieron frente a frente dos necesidades.
Delcy necesitaba demostrar que dejaba de ser una solución provisional y se convertía en una interlocutora internacional. Trump precisaba demostrar que Venezuela es uno de sus éxitos. Petróleo. Estabilidad. Inversiones. Seguridad. Migración. Reconstrucción.
Washington tiene la posibilidad de poner varias cartas sobre la mesa. Sin embargo, todavía le falta una. Elecciones. Y ahora, esta ausencia comienza a tener una fecha: 24 de julio de 2027.
La pregunta que puede definir el destino de Venezuela ya no es si habrá elecciones, sino quién tendrá el derecho de elegir el momento en que se realicen.
La imagen de Nueva York
Trump sabe lo que representa una imagen en el ámbito de la política. Una reunión con Rodríguez le permite mostrar a Venezuela como el ejemplo de una doctrina que no usa las largas ocupaciones militares y que busca resultados: cambiar la relación de fuerzas, evitar el colapso del Estado, y usar la presión económica, el gasto y la negociación para cambiar un nuevo acuerdo.
Delcy Rodríguez obtiene también algo extraordinariamente importante. Normalidad. Cada apretón de manos, cada reunión bilateral y cada imagen internacional le sirve para convertir una autoridad que proviene de una excepción en una figura conocida en el ámbito diplomático. Este encuentro puede ser beneficioso para ambos. Pero contiene una contradicción. Cuanto más normal parezca Venezuela, más difícil será explicar por qué el país todavía no puede votar.
Un país entre dos momentos
Venezuela está atrapada entre dos órdenes. El primero, el de los maduristas chavistas, no puede gobernar como lo hacía antes. El segundo, el democrático, todavía no nace. Es un lugar peligroso que está entre una puerta que se cierra y una que todavía no se abre.
Delcy Rodríguez ya no define por completo el presente de Venezuela. Tampoco existe una democracia que se ha construido para reemplazar el sistema que se cerró. En este espacio aparece el Estado Tutelado.
La Casa Blanca otorga poder económico, influencia diplomática y capacidad de presión. El interinato otorga los instrumentos administrativos del Estado. Los venezolanos otorgan aquello que ningún otro actor puede otorgar por decreto: legitimidad a través del voto.
Este modelo puede ser útil en caso de emergencia. El problema comienza cuando lo provisional no tiene fin. Y una transición sin reloj corre el riesgo de convertirse en un nuevo sistema.
La palabra más poderosa
La fórmula hasta ahora ha sido simple: Venezuela celebrará elecciones cuando esté lista. Pero la palabra más importante de esta frase no es «elecciones». Es «cuando».
Quien dice cuándo el país está listo, también dice cuánto dura la excepcionalidad. Por lo tanto, poner una fecha cambia por completo la negociación.
La fecha del 24 de julio de 2027 no sería una fecha más en el calendario político de Venezuela. Sería una fecha en la que todos tendrían que empezar a contar hacia atrás.
- ¿Cuándo debe estar constituido un árbitro electoral confiable?
- ¿Cuándo deben estar garantizados los derechos de los candidatos y los partidos?
- ¿Cuándo deben eliminarse las restricciones que no son compatibles con una competencia real?
- ¿Cuándo debe estar en pleno funcionamiento el registro electoral en el país y en el exterior?
- ¿Cuándo debe garantizarse a todos el acceso a los medios en igualdad de condiciones?
- ¿Cuándo deben llegar los observadores internacionales?
- ¿Cuándo deben crearse los mecanismos necesarios para verificar y hacer públicos los resultados?
Una fecha transforma las promesas en plazos. Y los plazos son los mayores enemigos de las transiciones sin fecha.
La paradoja de Trump
Es aquí donde aparece una ironía. Se puede pensar que poner una fecha electoral significa admitir que la decisión de Trump de apostar por Rodríguez fue un error. Pero puede ser todo lo contrario.
Una elección puede ser el elemento que Washington necesita para decir que todo el proceso ha sido un éxito.
La historia sería muy fácil de contar:
• Maduro se fue.
• El Estado no se derrumbó.
• Delcy estabilizó.
• La economía empezó a recuperarse.
• Estados Unidos acompañó el proceso.
• Y finalmente los venezolanos votaron.
Trump no tendría que dejar a Delcy Rodríguez para contar esta historia. Podría hacerla la protagonista. Incluso podría decir a otros países una frase mucho más fuerte de lo que parece hoy: «Sigan el ejemplo de Delcy.»
No porque Rodríguez sea la representante del futuro ideológico de América Latina. No porque Washington deba decidir quién gobierna Venezuela. Sino porque una interina habría hecho algo poco común en política: aceptar su fecha de vencimiento en el poder. Esto puede ser su verdadero legado.
El éxito necesita un final
La forma en que la política exterior de Estados Unidos mide el éxito es a través de resultados que se ven.
- Barriles producidos.
- Emigrantes que regresan.
- Contratos que se firman.
- Inversiones que se anuncian.
- Enemigos que se contienen.
Pero Venezuela representa un problema diferente.
Un pozo de petróleo se puede recuperar con dinero y tecnología. Una red eléctrica se puede arreglar con turbinas, líneas de transmisión y dinero. Una economía se puede estabilizar con reglas.
La legitimidad política no funciona así. No se puede traer de otro lado. No se puede guardar en la Reserva Federal. No se puede dar desde Washington. Y no se puede conseguir con una foto en Nueva York. Solo la sociedad puede obtenerla cuando elige a su gobernante.
Por eso, hay una pregunta incómoda detrás de cada nuevo acuerdo en Venezuela:
Si el país está listo para producir petróleo, para recibir inversiones, para hablar con Washington y para volver a los grandes eventos diplomáticos, ¿qué le falta todavía para estar listo para votar?
El reloj empieza a correr
El verdadero debate no debe ser entre estabilidad y democracia. Venezuela necesita ambas.
Después de muchos años en los que se destruyeron las instituciones, pedir una transición rápida puede ser ignorar los grandes peligros de un vacío de poder, de una división y de un conflicto. Pero usar estos peligros para aplazar la competencia política crea el problema opuesto: la estabilización acaba teniendo su propio interés en mantenerse. Por eso el orden de los hechos es importante:
- Estabilización.
- Recuperación de las instituciones.
- Transición.
- Elecciones.
Cada paso debe crear las condiciones para el siguiente. Si un paso empieza a justificar que debe quedarse, el puente se convierte en destino.
La última parte
Cuando Trump vio a Delcy Rodríguez en Nueva York, seguramente encontró algo más que a la presidenta interina de Venezuela. Notó una inversión política.
Un ejemplo en el que puede decir que su método funcionó donde muchos años de sanciones, de conversaciones y de máxima presión internacional, recalibración no habían funcionado.
Por esta razón, el apremio por un cronograma electoral puede ser más conveniente para sus intereses de lo que cree. No significa que Trump tenga que reconocer un fracaso. Le da la oportunidad de anunciar una victoria. Pero para hacerlo necesita un final.
El 24 de julio de 2027 puede ser ese final, siempre que detrás de la fecha haya una elección de verdad competitiva y que se pueda verificar. Entonces la foto de Nueva York tendrá otro sentido.
Ya no será la imagen de Washington dando legitimidad a una autoridad provisional. Puede convertirse en la imagen del momento en que empezó la última parte de una transición.
Venezuela lleva muchos años discutiendo quién tiene el poder. La próxima disputa será diferente. Será por saber quién tiene el control del tiempo. Porque el petróleo, las inversiones y el reconocimiento pueden ayudar a reconstruir un Estado. Pero hay algo que ni Trump ni Delcy Rodríguez pueden dar.
La soberanía política la debe devolver la legitimidad de origen, el voto.
@antdelacruz_
Director Ejecutivo Inter América Trends



































