Hugo Delgado: ¿Tigre de papel?

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Las acciones del régimen contra quienes lo adversan pueden interpretarse como parte del Estado de terror  aplicado durante casi tres décadas, con la anuencia de gran parte de la sociedad venezolana y de la comunidad internacional, con la que se establecieron vínculos económicos o geopolíticos; aun embargo, las recientes actuaciones de sobrevivencia para estar bien con el gobierno norteamericano de Donald Trump, no ocultan su esquema de miedo dirigido a mantener al país sumergido  en las tinieblas y la opacidad, que al parecer, es conveniente para ambas partes.

Con el oxígeno del gobierno de Estados Unidos de América (EUA), se han fortalecidos la actual mandataria ilegítima, Delcy Rodríguez, su hermano, Jorge, presidente de la írrita Asamblea Nacional (AN), Diosdado Cabello con su estructura policial y de seguridad, la cúpula militar, más las redes de alcaldes, gobernadores, jueces, fiscales y empresarios contratistas. Es decir, Venezuela es la expresión de una cleptocracia, en la que Trump logró articular el apoyo de la nomenclatura chavista, al bolichico, Alejandro Betancourt, y algunas petroleras norteamericanas para lograr su objetivo: controlar las reservas petroleras.

En las elecciones de 2015, la AN fue ganada por la oposición, el régimen de Nicolás Maduro, que había ganado dudosamente en 2013 la presidencia, utilizó la estructura judicial ilegítima para inhabilitarla, rompiendo así con el último bastión de “legitimidad de origen” que tenía la maltrecha democracia venezolana; a partir de ese episodio histórico, se quiebra todo el vestigio legal que ahora Trump quiere rescatar,  reconociendo a Delcy, quitando sanciones económicas y legales, o  con apoyos como el llevarla a la próxima Asamblea de las Naciones Unidas.

El reconocimiento se consolida con el acuerdo petrolero firmado entre la empresa North American Blue Energy Partners (NABEP) registrada en el paraíso fiscal Barbados, perteneciente al bolichico Alejandro Betancourt (investigado por lavado de dinero en EUA, Suiza, España e Inglaterra), que también le otorga gratis el 35% de las acciones al Departamento de Defensa norteamericano (¿?), y el régimen de Delcy Rodríguez. Este negocio afianza los intereses del gobierno Trump, pero su naturaleza es cuestionada por analistas como Ricardo Hausmann (Harvard), Francisco Monaldi (Universidad de Rice) y Gustavo Coronel (ex Petróleos de Venezuela).

Este polémico acuerdo fue firmado con representantes de Venezuela ilegítimos porque no tienen legitimidad de origen; por esta razón, entre otros hechos, el régimen no pudo emitir más papeles de deuda, como lo hicieron antes de 2015, para financiar el gasto público y el de PDVSA. Esto provocó que después de 2016 se acentuara la crisis económica y social, provocando el éxodo de millones de venezolanos, y dejando en mora al régimen porque dejó de pagar las deudas que hoy suma más de 175 mil millones de dólares.

Además, viola la Constitución Nacional vigente, otorga precios de venta irrisorios a las compañías de EUA, otorga acciones de NABEP al Departamento de Defensa Norteamericano sin ningún costo y nutren sus reservas estratégicas. Son ventajas abiertamente contraproducentes que en nada benefician a Venezuela. El gran beneficiado con tamaña empresa es el testaferro Betancourt que ahora tendrá que buscar inversionistas y tecnología para explotar los 17 campos estimados en el acuerdo, y podrá seguir comprando millonarios castillos en Europa.

La maltrecha Pdvsa queda relegada a un papel poco protagónico; su deterioro es tal que es poca atractiva para su venta, y tampoco el dúo Trump-Delcy optó por armar convenios mixtos como se hizo en la gestión de Luis Giusti que la beneficiaron mejorando su perfil corporativo, aumentando la producción y generando ingresos a la nación.

 La cotidianidad en Venezuela no muestra cambio alguno, en las calles no sucede nada, la gente vive pendiente de sus asuntos y el país poco importa. Las guerras, las denuncias y los entretelones políticos y económicos navegan en el mundo virtual. Los venezolanos que confiaron en la “solución Donald Trump” ahora consideran que EUA vino solo por el petróleo; el sueño de la democracia y la sociedad solo sirvieron de mampara para ocultar el verdadero interés.

Norteamérica que durante décadas lideró el sueño de occidente, perdió su rol de “iluminar el mundo”; el escenario interno muestra un deterioro acentuado por un gobierno de Trump que ha minado su fuerza ciudadana y su resistencia civil, así como, a las instituciones llamadas a evitar los desmanes de sus gobernantes.

Así que Venezuela tendrá que entender su rol dentro del círculo de los intereses de EUA-nomenclatura chavista, limitando su papel al de espectador pasivo. Se demuestra -una vez más- que esa cultura petrolera sigue controlando su vida. La crisis provocada por los sismos del 24 de junio de 2026 demostró la ineptitud y falta de sentido humano del régimen y de sus militares, el dolor de los afectados no los conmovió, por el contrario, solo sus intereses prevalecieron mientras el gobierno de EUA se limitó a ser testigo ¿Qué más quieren ver?

 ¿Qué viene para el país? ¿Resignarse a ser pasivo ante los intereses exógenos interesados en su riqueza? O le queda romper con esa tradición impuesta por la cultura petrolera que sigue fortaleciendo al gobernante de turno que controla la estructura estatal y sus ingresos, con los que permea a la sociedad; fenómeno acentuado en las tres últimas décadas que ya influyó en toda una generación y permitió mantener las redes clientelares de burócratas, militares, empresarios, banqueros y una sociedad civil irresponsable que solo espera volver a “la época de los mangos bajitos”.

Gustavo Coronel en reciente conferencia consideró pertinente crear las nuevas bases sociales partiendo de la transformación del sistema educativo, con el objetivo de formar un verdadero ciudadano responsable, consciente de sus deberes, que pague impuestos, sea un trabajador generador de riqueza y con una concepción clara de lo que es la democracia.

La nación venezolana no existe, En Venezuela domina un modelo desdibujado Estado-gobierno, irresponsable y corrupto que opera más como una tribu, con intereses particulares, interesada en ver que pedazo de la torta petrolera le queda. A esos políticos solo les preocupan las obras que se vean, como por ejemplo embellecer plazas, para obtener el respaldo necesario que los mantenga en las alcaldías y gobernaciones; la planificación a largo plazo que beneficie verdaderamente a las comunidades poco les importa.

La inversión que puede venir solo buscará negocios seguros y rentables, saben de la ilegalidad de los compromisos firmados con el régimen, por lo tanto, no van a arriesgar mucho, pero sí quieren comerse un pedazo de la torta petrolera. Las cifras que manejan algunos políticos y empresarios interesados solo buscan crear falsas expectativas en una población humillada con baja autoestima y un país con una devastada infraestructura petrolera y de servicios públicos, que demanda grandes inversiones.

Un verdadero cambio requiere sacrificios, que derriben la concepción del modelo mezquino de las tribus y de los mangos bajitos. Implica suplantar la aberrante estructura gobierno-estado soportada por los ingresos petroleros y construir las bases sociales que sostengan el edificio de “la nación”, con ciudadanos responsables, capaces de entender su protagonismo en una sociedad fundamentada en los principios de la democracia que no le tema al terror impuesto por el chavismo.     

@hdelgado10