Cupertino Flores: Un mundo sin guardrails

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En  muchos aspectos de la humanidad, el hombre ha logrado superar sus adversidades, pero el cúmulo de conocimientos generados a través de miles de años por  distintas civilizaciones y sus intelectuales,  abrieron  constantes caminos en el campo de la política, la tecnología, la cultura, el arte, etc.

Cualquier vuelta al pasado, a pesar de lo que han advertido innumerables pensadores sobre “la historia se repite”,  pueden coincidir algunos episodios o cometer errores que ya sucedieron, pero los tiempos y los momentos son distintos.  Por esa  razón, es difícil que la humanidad retroceda cuando la sociedad ha respirado aires de libertad o ha tenido la posibilidad de educarse para elevar su capacidad de análisis y la crítica.

El tan nombrado “nuevo orden” es un proceso que se inició luego de finalizada la primera gran guerra de Europa en 1919,  que se consolida luego del segundo conflicto ocurrido entre 1939 y 1945, con el liderazgo de Estados Unidos de América. Ese mundo que hoy critica e intenta destruir  su presidente, Donald Trump, es producto de sus entrañas.

Es lógico pensar que ante tamaño reto, Trump debe esgrimir un nuevo modelo. Incluso hay académicos que dan explicaciones  a su atropellada política de “aranceles”, con lo que busca revertir las importaciones e incentivar las inversiones, por lo visto esta arma económica-política sirve para chantajear, generar inflación y acordar unilateralmente relaciones en un mundo complejo y globalizado, tratando de desarmar los tratados multilaterales que beneficiaron en gran medida a  EUA.

El intento de convertirse en el supremo rey del mundo que trata de imponer Trump también tiene sus inconvenientes, ya EUA no es la potencia de antaño que operaba como un “cowboy” a lo Theodoro Roosvelt, esgrimiendo la vieja y manipulada doctrina propuesta por el presidente James Monroe en 1823, cuya esencia  establecía que era un acto hostil cuando ocurriera una intervención  extranjera  en América, el planteamiento respondía a los fundamentos que sustentaban a la Constitución de Estados Unidos.

Sin embargo,  en 1905 Theodoro Roosvelt amplió la doctrina, convirtiendo a EUA en el guardián  del continente, otorgándole el rol de responsable de preservar  el orden y proteger la vida y la propiedad en los países del hemisferio occidental, escribió recientemente la ex ministra de Asuntos Exteriores de España y profesora invitada de la Universidad de Geogetown,  Ana Palacios.

La docente española aclara que las modificaciones de varios presidentes de EUA de la visión de la doctrina no es nada benevolente, por ejemplo,  Roosvelt quería operar  como “la nación civilizada, que podría verse obligada  a ejercer de policía internacional, en respuesta a disturbios crónicos o fechorías  en los países latinoamericanos”. Enfatiza  que EUA decidiría  qué comportamiento era aceptable en los países  soberanos dentro de su esfera de interés  y cuándo estaría totalmente justificado castigar a quienes no cumplieran  con sus deberes”.

Sin embargo, el teniente coronel del ejército de EUA, Jimmie Hotl, en un artículo publicado en la revista Military Review en la edición de marzo-abril de 1990,  destacó uno de los errores que cometieron sus gobiernos: “Desafortunadamente, los EUA muchas veces se identificaba  con las estructuras  establecidas, que frecuentemente eran opresivas. Como resultado de lo anterior, existía un temor a su influencia en el área”. Igualmente advirtió sobre el desplazamiento de la izquierda de su lucha del monte a la filtración de las áreas urbanas y las instituciones democráticas. Esta última es una de las causantes de los problemas en Centroamérica, Colombia, Venezuela, Ecuador, Perú y Argentina. Al parecer los presidentes no prestaron atención a los informes de inteligencia.

Ante las nuevas intenciones de Trump, el académico mexicano, Juan Miguel Zuzunegui en su documental  “¿Quién controla el mundo? El nuevo orden mundial”,  señala que los poderosos siempre han querido dominar el mundo, crean el mito de los dioses  que les dan el respaldo para hacerlo, una explicación divina de su destino manifiesto de “civilizar el mundo”.

En su afán de ser el rey del mundo, Trump se muestra como el ungido para salvar el mundo, ha instrumentado una política anti inmigrante manipulando los privilegios que tiene para ser digno habitante de EUA, porque es hay que ser “blanco y  protestante”, pero contrario a los invasores de la colonia inglesa, él no es anglosajón, porque su madre es escocesa y su abuelo un desertor alemán.

Los requisitos históricos de ser blanco, calvino y británico  se modificaron con el tiempo, pero el objetivo es el mismo, “dominar el mundo”, dice Zuzunegui. En su análisis histórico, el académico mexicano diferencia  a españoles y británicos, contrario a las intenciones de dominio de los ingleses de llevar la “palabra a los blancos” y ser el pueblo escogido por dios y por eso somos los dueños de la verdad y podemos llevar a la civilización, la corona española  se propuso “llevar la palabra a todos los pueblos y estimular la libertad y la crítica”.

Este fundamento es el utilizado por Trump para impulsar una falsa fortaleza de un EUA que en su interior sus instituciones y su sociedad tienen  una profunda crisis, que él trata de ocultar con la amenaza, el terror, los gritos e insultos. Es una manera de ocultar sus debilidades y la pérdida del rol de policía mundial, que ellos mismos impulsaron con la globalización,  la tecnología del Internet, la toma de decisión multipolar y la construcción de un andamiaje institucional mundial que ahora está en crisis por el vació de liderazgo, y la aparición de fenómenos como la postverdad, el populismo y las autócracas que han debilitado los fundamentos las democracias.

En el nuevo orden, que se proponen los tres líderes de las tres potencias que luchan por  un desacertado dominio mundial (Trump, Xi Jinping y Vladimir Putin) coinciden en aplicar un modelo sin límites legales o éticos e instituciones que controlen sus actos, cualquiera que sean. En el caso de EUA, como dice Zuzunegui, al crear en el siglo XIX su “destino manifiesto” asumieron el rol de pueblo elegido para llevar la civilización a todo el mundo.

Las acciones de los tres líderes solo buscan derribar las bases del mundo multipolar que impulsaron los mismos norteamericanos, un mundo sin guardrails (barandas de contención) por ahora representadas en leyes y principios instrumentados por las cuestionadas instituciones como la Organización de las Naciones Unidas, la Organización Mundial del Comercio, la Organización Mundial de la Salud, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, el patrón dólar, la Corte Penal Internacional,  los convenios de Roma y de Ginebra, etc. Eso es lo que han mostrado Trump, Putin y Xi. El mundo tendrá que reaccionar ante la avalancha de cambios, cuyas respuestas superarán las ambiciones personales y demandarán de soluciones múltiples y con  la participación de varios actores que tendrán que decidir sobre asuntos ambientales como el calentamiento global, tecnológicos como la regulación de las redes sociales y la Inteligencia Artificial, comerciales, de salud como sucedió con el Covid-19, etc. Queda esperar lo que el futuro nos depara, porque es evidente que se va a configurar un sistema de relaciones diferentes con nuevos guardrails

Cupertino Flores