Dámaso Jiménez: De Repente: Relatos de ficciones consensuadas

242

Un ruido seco.

No fue un trueno. No fue un helicóptero. Fue algo más íntimo, más brutal: el sonido del fin.

El dictador se incorporó con torpeza, aún en pijama. Nadie contestó al grito. Ni la primera dama que dormía en el cuarto contiguo, ni los escoltas del pasillo, ni el secretario militar que dormía a tres puertas de distancia. Ni siquiera el ayudante con el celular satelital. El silencio pesaba como plomo.