Ender Arenas: Los vamos a cazar

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Un hombre de piel cetrina, cabello castaño oscuro, ojos negros, camina lentamente por la cera de la ciudad de Brownsville, Texas. En su cuello luce un tatuaje de una rosa y una flor y debajo de ella el nombre de su hija: Rosa Margarita. Él se llama Bismar, es venezolano

Bismar, ha salido de su trabajo, la fábrica de tortillas, Arenas tortilla Factory y se dirige a su casa. Ha sido seguido desde allí por un carro de la policía, pero no se ha dado cuenta, va entretenido escuchando un clásico de Cancerbero, en su viejo IPod:

“Oh, me falta el aire (me falta el aire) / Y el corazón tucum-tucum-tucum/Hoy va a correr sangre (va a correr sangre) /Ya sé por dónde se mueve ese bum

Hoy voy a convertirme en un criminal, ya no creo en nadie /A menos que me convierta en un muerto/ Hoy voy a vengar a mi hermano, como le juré a mi padre/ Diente por diente, ojo por ojo, es esto”.

Bismar, es interceptado por el carro policía. Los policías, lo detienen, es registrado, le ven el tatuaje del cuello le quitan el IPod y escuchan la canción. Uno de los policías le dice a su compañero: “otro del tren” y se lo llevan detenido. Ha sido cazado

Días después es identificado por su madre, en Venezuela, en un video que se ha virilizado en las redes sociales, donde ha sido presentado como uno de los jefes del Tren de Aragua, acusado de asesinato y de un crimen que el acusado ha grabado como Rap.

Y es que cuando escuchamos la sentencia “Los vamos a cazar” que justifican historias como estas, se llega a la conclusión de que Estados Unidos tienen en su gobierno, probablemente el equipo más perverso y también al más ignorante e incapaz de la historia contemporánea.

Esa expresión es, sin duda alguna, la más brutal proferida por un funcionario del gobierno de Donald Trump. Salió de la boca de Kristi Noem, secretaria de Seguridad Nacional de Estados Unidos. Como si se tratara de la reencarnación de Heinrich Himler, el planificador, organizador y supervisor de la “Solución Final” contra los judíos.

La señora Noem, dijo la terrible sentencia teniendo a su espalda las celdas, llenas de hombres semidesnudos de la terrible cárcel salvadoreña, conocida como CECOT, donde, por ahora, el régimen de Trump ha enviado cerca de trescientos venezolanos a los que se les ha violado su debido proceso, acusados, muchos de ellos sin prueba alguna, de pertenecer a la banda del Tren de Aragua.

¿Cuál fue el criterio para que se los imputara pertenencia a tan terrible banda de delincuentes? No muchos, pero el más importante señalado por el gobierno de Trump y su secretaria de seguridad nacional, es el de tener tatuajes en su cuerpo como: estrellas, coronas, trenes, dados, rosas, tigres y jaguares e inscripciones como «Real hasta la muerte” (no está claro si esto significa que son aficionados al Real Madrid, aunque, queda descartado la posibilidad de que sean fanáticos del “Real Mallorca”, de la “Real Sociedad” o del “Real Atlético de Maracaibo”.)

El caso, es que, para todos los venezolanos, que son inocentes y se encuentran encerrados en la siniestra cárcel salvadoreña como si fueran animales, tal como se muestra en la fotografía de la señora Noem, es una verdadera pesadilla.

“Los vamos a cazar” resume la terrible concepción de la política que orienta a la actual elite que maneja el gobierno de Estados Unidos, encabezado por Donald Trump y que se caracteriza por la: xenofobia, el racismo, el supremacismo, la aporofobia y el ultranacionalismo, lo cual lo emparenta con una suerte de “neofascismo populista”. En ella, “los otros”, que no son “ellos”, son transformados de humanos en animales, (salvajes, pues estos solo pueden ser “cazados”) que por lo general tienen la piel oscura y que pueden ser secuestrados, deportados y hasta desaparecidos.

Es un lenguaje brutal que da cuenta de la manera como se destruye toda la arquitectura institucional de lo que todavía es, por ahora, la democracia más antigua del planeta, pero que ya ha “dejado de ser algo evidente”, pues estamos en medio de una transición que nadie sabe hacia donde se dirige no solo en los Estados Unidos sino en el planeta entero. Bueno, es decir, que el protagonista principal de tal drama, Donald Trump, no tiene tampoco idea hacia donde nos conduce.

Es una concepción del “orden” concebida como “guerra”, lo que es una paradoja, porque al igual, que otros autoritarios en gobierno, dicen que sus esfuerzos son por la paz, otros le agregan que es, también, por amor.

 La guerra emprendida por Trump tiene varios frentes. Su objetivo se soporta sobre la exclusión, esto es: para que Estados Unidos sea grande otra vez es necesario que “los otros” (es decir el resto del planeta) sean pequeños, esa es una de las “razones de ser de su política” así, como bien, dice N. Lechner: “Las relaciones quedan así reducidas a un solo límite clasificatorio: amigo o enemigo. El enemigo es…. ´desaparecido´” (como es el caso de los inmigrantes, los cuales ´son cazados´ y depositados, en el CECOT o en Guantánamo o deportados a sus países de origen, de donde salieron huyendo perseguidos por pensar diferente o porque la miseria es insoportable) o empequeñecido, como en el caso de la política arancelaria en torno a la cual se articula su guerra económica.

Es un gobierno, el de Trump, que produce crisis e incertidumbre. Nadie sabe con certeza como cuantificar, medir y calcular el mañana. La única certeza es que el país más poderoso de la tierra es gobernada por una gente que por ignorante, incompetente e inexperta es un peligro no solo para los Estados Unidos, sino para el mundo.

 Perdón, me falto decir, que aparte de ignorante, incompetente e inexperta, también es perversa. Dentro de esa perversión se encierra el “Los vamos a cazar”, de Kristi Noem, esa mujer musculosa, de labios inyectados, de senos reconstruidos, de esplendida espalda, que Noelia Ramírez ha descrito en su artículo semanal de El País como: “La aberrante erótica del nuevo autoritarismo”, expresión que bien pudiera dar cuenta de todo el equipo femenino de Trump, si observamos, por ejemplo, a Pamela Biondi, su fiscal y de otras, que son una suerte de facsímil de “Barbie”, de estética “…casi clónica: Melenas oxigenadas, pestañas infinitas, tallas que jamás superan la 38, un bronceado impecable y un fondo de armario repleto de  vestidos hiperfemeninos de colores vivos”(Eugenia Solano, El País), o de indumentarias deportivas sumamente ceñidas al cuerpo.

Bueno, mi comentario de que el team femenino de Trump es una copia de la “Barbie” es relativo, pues, el equipo femenino de Trump tiene algo en su cuerpo que a Trump “el acosador”, le gusta meter mano y “Barbie” carece de ello. Aunque, en la escena final de su película, la muñeca de “Matel” termina visitando al ginecólogo.

@enderarenas