Ángel Lombardi Boscán: El Golem

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Para Greta, tormento querido

El Frankenstein judío es un ser abominable hecho de arcilla roja que le permite cobrar vida desde los misterios de la cábala. El gran rabino Loew de Praga (1512-1609) fue su principal instigador.

       La misión del Golem es defender a los judíos. “El simulacro alzó los soñolientos párpados y vio formas y colores que no entendió, perdidos en rumores y ensayó temerosos movimientos” nos dice un poema de Jorge Luis Borges.

       El coloso de piedra era un tonto muy torpe programado desde la incapacidad. En vez de ayudar para lo que fue creado terminaba produciendo catástrofes. Afortunadamente se le podía desactivar pronunciando alguna palabra sagrada. 

       El Golem hebreo, también recreado por el austriaco Gustav Meyrink (1868-1932) en una célebre novela fantástica del año 1915, es un antecedente de la Inteligencia Artificial.

       Envidiar a Dios siempre ha sido la prisión de los hombres. Y Epicuro da la clave de nuestra deslealtad: “Es pura vanidad creer que los dioses se ocupan de nosotros. Desde su inmortalidad, desde su perfección, ellos no nos otorgan premios ni castigos. Los dioses no son temibles porque nosotros, efímeros, mal hechos, no merecemos nada más que su indiferencia”.  

La Inteligencia Artificial (IA) no tiene conciencia. No podrá ser como Hal9000, el súper computador que se rebela contra la tripulación espacial al percatarse que lo iban a desactivar. Stanley Kubrick, el genial cineasta, nos mostró ésta prefiguración de una IA criminal en su laureada película: 2001: Odisea del espacio (1968). El más grande temor hoy. 

 Quien crea a la IA y la programa es el humano. Si el humano como ha hecho con las armas le da un uso destructivo ese será el principal problema. Razón por la cual no soy nada optimista con su actual vertiginoso desarrollo por parte de los estados nacionales y corporaciones privadas. 

El israelí, Yuval Noah Harari piensa de idéntica forma y en seiscientas páginas de su libro “Nexus” (2024) hace un recorrido entretenido sobre la vocación autodestructiva del homo sapiens. 

Además, en manos de los millonarios e industriales, ávidos de riqueza, no tendrán ningún escrúpulo para sustituir la mano de obra humana costosa por una más barata y robótica «inteligente». Muchos de los empleos humanos tradicionales ya tienen un tiempo de caducidad. La codicia humana es dañina para la inmensa mayoría.

Isaac Asimov (1920-1992) estableció unas “leyes universales de la robótica” en su cuento «Círculo vicioso» (1942) y que hoy en esencia sirve de parámetro ético para los desarrolladores de la IA de cara al público. 

Un robot no puede dañar a un ser humano o, por inacción, permitir que un ser humano sufra daño.

Un robot debe obedecer las órdenes dadas por un ser humano, siempre que tales órdenes no violen la Primera Ley.

Un robot debe proteger su propia existencia, siempre que esta protección no entre en conflicto con la Primera o la Segunda Ley.

Ley Cero: Un robot no puede dañar a la humanidad.

Todas ellas dirigidas a impedir que la IA le haga daño a los humanos según el supuesto de que estas tengan algún día autonomía y criterio moral. 

Ya hemos visto que las IA chinas censuran los contenidos. Si usted le pregunta a DeepSeek sobre: “Protestas de la plaza de Tiananmén de 1989” la respuesta es sencillamente negativa. Nos informa que esa información no la puede dar al usuario que la solicitó. 

Y que las IA de los Estados Unidos y aliados nos vigilan todo el tiempo. Además de bombardearnos de contenido falso ya sea para inducirnos a comprar o para influirnos políticamente. 

No veo aún a una súper inteligencia con capacidad de rebelarse contra la humanidad como en Matrix o en Terminator. Lo que tenemos al día de hoy son súper inteligencias que procesan datos e información en unas cantidades nunca antes vistas. 

En el ajedrez, una de éstas IA, aprendió a jugar por sí misma y modificó los principales conceptos del milenario juego. El rey, siempre en resguardo, la máquina ahora le daba posibilidades ofensivas. Algo insospechado por la mayoría de los Grandes Maestros. También la “maquina” sacrificaba piezas para “cobrar” a largo plazo desarrollando una visión futurista «bajo control» contrario a las lógicas humanas. AlphaZero, es el nombre de éste portento. 

Aún no sabemos del todo cómo funciona la principal red neuronal que mantiene a la humanidad en la cima de la cadena alimenticia: el cerebro. Lo cual hace hoy casi imposible que las máquinas desarrollen algún tipo de conciencia. Lo que llevaría aparejado: la capacidad de sentir y emocionarse. Hoy los robots son sólo unas almas vacías. 

DR. ANGEL RAFAEL LOMBARDI BOSCAN

@LOMBARDIBOSCAN