Hugo Delgado: Cerrando filas

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Nadie aprende en cabeza ajena, eso sucedió en Colombia durante las elecciones presidenciales de 2022. Los votantes no observaron la tragedia de Venezuela con el comunismo (chavismo), a pesar de los millones de conciudadanos que huyeron de la represión y de la crisis económica.

Tampoco aprendieron de la mala gestión de Gustavo Petro, en la Alcaldía de Bogotá, caracterizada por ser corrupta e inepta. Este personaje nunca ha trabajado y ha vivido de la gestión pública. Aprendió a nadar en el estanque de la politiquería colombiana  por eso no ha sido condenado por sus crímenes, sobreviviendo desde sus tiempos de guerrillero mediocre en el M-19 y en sus cargos como burgomaestre, candidato presidencial y representante.

Su destreza en la  politiquería le permitió evadir responsabilidades, como guerrillero ha vivido del crimen, de la destrucción y del caos. Ese es el rol activo de los comunistas que actúan en las sombras de las democracias. Es hipócrita colocar otro título a quienes siguen las teorías de Carlos Marx, Vladimir I. Lenin, León Trosky, José Stalin y Mao Tse Tung, porque el objetivo histórico es imponer una doctrina inoperante, fanática, coercitiva y criminal; las experiencias vividas en las naciones que la han impuesto han finalizado en genocidios y fracasos justificados por la narrativa de la izquierda mundial.

A diferencia de Venezuela, en donde la sociedad depende de la renta petrolera, Colombia está fundamentada en la iniciativa y la producción privada. Ese poderoso sector que unidos a la oligarquía histórica que domina la vida pública colombiana facilitó en  2022 la llegada al poder del comunismo liderado por Petro, pero era de esperarse que la gestión iba a rayar en el populismo y el fracaso.

A menos de un mes de la llegada de Abelardo de la Espriella, la gestión parece que llevara más tiempo porque ha tenido que asumir retos difíciles de manejar. El reciente terremoto que afectó al eje cafetero, Cali y al departamento del Chocó es un reto que demanda de recursos humanos y económicos, afecta al gasto público maltrecho por la corrupción y la deuda generada por intereses y capitales que Petro provocó para financiar la recta final de la campaña de Iván Cepeda, con la intención de mantenerse en el poder.

Ahora que se conoce con certeza la dimensión de la corrupción de la gestión Petro, surgen interrogantes interesantes. Dice un adagio político emanado de la “Revolución Francesa” que “cada pueblo tiene el gobierno que se merece”, cuesta pensar que los colombianos merecieran a un personaje nefasto, corrupto y degenerado como presidente, pero así es por él votaron más de 9 millones en 2022 y por su candidato Iván Cepeda, en 2026, lo hicieron más de 12 millones de votantes.

Esa apuesta por Cepeda le saldrá cara a Colombia porque el gasto público creció entre 2025 y 2026 para financiar la matriz de votantes con dineros públicos, utilizando la modalidad de las redes de testaferros, las engañosas prebendas sociales y los contratos amañados con los caciques políticos y los grupos de contratistas que viven de la dádiva oficial para hacer negocios.

A esta red corrupta se une otra modalidad, la de las  redes de damas de compañía de Petro y su nomenclatura  financiadas con recursos públicos. La degeneración de la gestión pública en los últimos cuatro años demostró que las instituciones democráticas y sus estructuras legales están obsoletas, decía un docente de la Universidad del Zulia (Venezuela) y del Atlántico (Colombia), el economista Rafael Portillo, que este período presidencial era la mayor prueba institucional para el país.

Así fue, la experiencia arroja lecciones interesantes, las instituciones sirvieron de muro de contención pero no fue suficiente porque no detuvo el daño moral, jurídico, político y social. A pesar de sobrevivir, hay que modificar los procedimientos legales para hacer más efectiva la justicia, por ejemplo, los escándalos de Nicolás Petro (hijo del Presidente) y el Armando Benedetti-Laura Sarabia no han  sido sancionados, a pesar de suceder en el primer año de gestión y de las contundentes pruebas de corrupción.

Petro y Cepeda no han reconocido la derrota, alegan fraude, pero nadie los ha denunciado por el voto fusil, los asesinatos  y las amenazas que realizaron los grupos guerrilleros y narcotraficantes en las zonas que se desatendieron en los cuatro años de mandato (2022-2026.

Todas las aberraciones políticas evidenciadas en el tráfico de influencias, malversaciones de los fondos públicos, acciones inmorales, insultos, amenazas de muerte, etc, que el presidente vociferaba en sus discursos  y publicaba en sus redes sociales, divulgadas por los distintos medios informativos, tampoco han sido objeto de acciones legales, dejando en duda la capacidad ciudadana de resguardar los principios y valores de la sociedad.

Lo que sí se evidencia en estas convulsionadas semanas de gestión presidencial, es que la capacidad de respuesta de Abelardo es efectiva. Igualmente, el terremoto ocurrido el  10 agosto de 2026 evidencia que los sectores más poderosos de Colombia “cerraron filas entorno  al Presidente”.

Ya en las elecciones los grupos más importantes del sector productivo privado que genera la mayor parte de la riqueza colombiana apoyaron a Abelardo, era lógico que sucediera, el país y su democracia estaban al borde del abis

mo y era necesario evitar la victoria de Cepeda. Ahora hay que romper con las fuentes de terror y narcodólares del comunismo, por eso Abelardo actúa sin perder el tiempo, con las rápidas capturas de cabecillas de las guerrillas de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y del Ejército de Liberación Nacional (ELN), así como de los grupos paramilitares. Una demostración que la inteligencia militar sabía su ubicación, eso permitió el rápido accionar, la captura o dadas de baja y la extradición de varios de ellos.

Abelardo es joven y tiene suficiente energía para responder a los retos que demanda Colombia. También es importante que asuma con serenidad el mundo de la negociación, la suma de fuerzas políticas, sociales y económicas que le permitan gobernar y contrarrestar la violencia futura, cuando se tomen decisiones, por ejemplo una posible captura de Petro por corrupción u otro delito en los que esté involucrado; igual puede suceder con Cepeda que ha operado como brazo político de las FARC, evidenciado en los archivos del desaparecido Raúl Reyes el  1 de marzo de 2008, durante la gestión de Álvaro Uribe.

La sabiduría política también implica sumar aliados importantes como Álvaro Uribe, a quienes algunos sectores, impulsados por el deseo de dividir,  señalan como un aliado del petrismo porque se opuso al candidato a la Cámara del Senado de Abelardo, Alfredo Deluque. Les guste o no a esos grupos, el expresidente Uribe (2002-2010) tuvo razón, porque el padre del propuesto, Hernando Deluque,  resultó detenido por corrupción con una orden emanada de la Corte Suprema de Justicia  ¿imaginen los efectos negativos que se hubieran generado contra la gestión del Presidente?

Hay que recordar que el ex mandatario Uribe es el único con experiencias exitosas en el combate contra el narcotráfico y la guerrilla, al punto que casi las derrota militarmente, pero gracias al Premio Nobel de la Paz, Juan Manuel Santos, se recuperaron y en los últimos cuatro, con el apoyo de Petro, años crecieron en pie de fuerza, armamento, el negocio del narcotráfico y control territorial. Vienen tiempos complejos y los demócratas deben consolidar su apoyo a Abelardo. Es un asunto de supervivencia.

@hdelgado10