Amos Smith: La pesadilla soñada

32

Parece que fue ayer cuando, como si fuera un Nostradamus caribeño, les predije que la brisita sería huracán. Jiji. Es que me emociona hasta las lágrimas de orgullo patrio, cuando nombraron a Maracaibo como capital mundial de la resiliencia.

Siempre denuncié que en el Zulia, lo que había detrás de ese desastre, era una confabulación de las derechas mundiales para usarlo como estado piloto para la destrucción de nuestra gloriosa revolución y sabotear el reconocido sentido de humor del pueblo maracucho.

Menos mal que por mis instrucciones, el Gobernador del Zulia y el alcalde de Maracaibo publicaron libros de chistes para combatir ese flagelo. Yo he denunciado durante años al imperialismo que destruyó los servicios públicos, que incentivó el contrabando de la gasolina , el bachaqueo y destruyó nuestra economía. Pero como no somos mochos le devaluamos el dólar.

Ahora los vientos huracanados han liberado a los pueblos del continente. Igualito, el imperio envidioso ese, los tiene sin agua, sin electricidad, sin gas, sin transporte y con la comida carísima. Pero ese es el precio de vencer la tiranía de la burguesía continental.

Ahora el CLAP se reparte desde el Río Grande hasta la frontera de Chile con el polo sur. Hemos exportado nuestra revolución y ahora los escuálidos y traidores que se fueron, pensando que iban a dejarnos atrás, quedaron locos. Jiji.

Yo mismo convencí a los rusos que dejaran quietos los misiles que teníamos apuntando a Bogotá y a La Candelaria. Ni falta hizo. Además, ahora lo puedo decir, los misiles no tenían baterías, pero qué susto le metimos al miedoso Duque ese.

Siempre he dicho que a la gente se le convence con cariño y un mazazo de vez en cuando para que escarmienten y respeten. No ha sido fácil abrirle los ojos a la gente. Que entiendan que siempre hay que estar armados para defender la paz y esta felicidad de vivir con dignidad.

Probablemente esto hubiera sido más rápido si mi comandante supremo no se hubiera
equivocado al final. Pero nadie es perfecto. Ni yo pues jiji.

Cuando las cosas no funcionan, los pueblos tienen derecho a arrecharse. Pero no con nosotros. Debemos orientarlos con quién. Porque nosotros somos inocentes de cualquier motivo de infelicidad de esta patria tan querida.

Ahora con todo este espaldarazo del continente, todas las derechas apátridas se han tenido que mudar a Miami. Ahora toda Latinoamérica verá mi talk show por Telesur, vía satélite Simón Bolívar.

Hay que ver lo difícil que ha sido hacerle entender a todos los pueblos de América, especialmente al fuerte arraigo de la oligarquía colombiana, la maluquería de la riqueza. Porque cuánta verdad la de mi padre putativo, con esa frase que es puro lingote de oro. «Ser rico es malo».

Me da una brisita que los pueblos de América hayan despertado de esa vida burguesa, mal
acostumbrados a que las cosas funcionen para engañarlos con la maldad del capitalismo. Hay que
destruir cualquier comodidad que las derechas han puesto al servicio de la explotación de la masa trabajadora. Aquí la única masa explotadora del capitalismo que queda, es la masa de la harina pan. Pero seguimos trabajando sin descanso para acabar con eso.

Con el mazo iremos dando, para lograr la dignidad de los pueblos de una América libre de esa vida cotidiana engañosa del capitalismo mundial, tal como lo hemos logrado en la Venezuela socialista.

Hoy vivimos en un paraíso terrenal. Porque la felicidad de nuestro pueblo es completamente gratuita.

Estaba dormido hasta que sonó el despertador. Pero soñaba despierto con ese huracán del
futuro. Aquí entre nos. No es al Zulia al que hay que hacerle una estatua. Es a mi. Jiji.